jueves, 12 de junio de 2008

SORPRESAS TE DA LA VIDA


Leyendo la columna de Hermógenes Pérez de Arce, me sorprendió bastante su contenido. El, como buen y respetable derechista de sangre, sigue con su extremismo recalcitrante. Concordamos en que no se puede coartar la educación privada, que la gente debe tener elección, pero me parece francamente ridículo que crea que una solución al carreteado sistema educacional chileno es entregar la plata que se asigna a la educación privada a manos de los mismo que se ven beneficiados con instituciones del Estado. Por otro lado, me parece paradójico que un sujeto como él, que en 17 años de dictadura nunca habló por el pueblo, hoy haga alarde de algo que nunca, jamás le importó. Quién te ha visto y quién te ve.


Hermógenes Pérez de Arce
Miércoles 11 de Junio de 2008
Ya les decía yo

El 7 de junio de 2006, cuando se anunció la Comisión de Educación, vaticiné: "(La educación) empeorará, pues se fortalecerá la enseñanza estatal (la de peores resultados), restándole libertad de emprender a la particular (que registra los mejores)".

Pero va a resultar todavía peor, pues la primera indicación del Ejecutivo al proyecto de reforma, que acorta el plazo para impedir a los chilenos trabajar libremente en educar (la prohibición del lucro en la enseñanza equivale a eso), ha sido hasta aceptada por la Alianza, pese a que viola el art. 19 N° 11 de la Constitución, que consagra para "todas las personas" el "derecho de abrir, organizar y mantener establecimientos educacionales". Y también viola el N° 16 del mismo artículo, que garantiza y protege la libertad de trabajo.

También la segunda indicación del Gobierno rompe el acuerdo y apunta a liquidar la enseñanza privada, pues establece que "el Estado financiará un sistema de educación pública... que asegure el acceso a toda la población". Es la nueva ENU, Escuela Nacional Unificada, contra la cual se alzó la mayoría de los chilenos bajo la UP. Pues era, al igual que la indicación, un proyecto totalitario apuntado a someter a "toda la población" a un sistema de enseñanza estatal. Por suerte, la Alianza se ha opuesto a la indicación.

¿Cuántas veces les he advertido a los chilenos que lo único que se puede esperar de un gobierno socialista es más socialismo, es decir, menos libertad? La prueba Simce ha confirmado que, sin libertad, la educación no progresa, pese a haberse cuadruplicado el presupuesto desde 1990. La Concertación tuvo el heroísmo de participar en la prueba internacional TIMSS hasta hace unos años. Entre 38 países, Chile quedaba 35°, superando a Filipinas, Marruecos y Sudáfrica. Así que el Gobierno prefirió arrancar de ahí.

Hace dos años, yo les recomendaba a los chilenos suprimir el Ministerio de Educación y darles los dos billones de pesos anuales que costaba a los padres de familia pobres, en forma de "vouchers" que les permitieran acceder a una excelente educación particular para sus hijos, en el colegio que eligieran. Pues bien, ahora el presupuesto del Ministerio es de 3,3 billones de pesos, pues aumentó más de 15 por ciento ("El Mercurio", 29-09-07, p. B-2). Dejando fuera al 10 por ciento de familias ricas, que no necesitan ayuda, el resto podría tener un "voucher" de unos 110 mil pesos mensuales por alumno (tres veces más que la actual subvención a la educación particular gratuita) para ir a un colegio de calidad de su elección. ¡Educación particular pagada, que es la que ofrece los mejores resultados, para todos los chilenos!

¡La plata está ahí! ¡Quítensela a la burocracia, a las ONG izquierdistas, a los asesores concertacionistas, a los profesores flojos, apernados y politizados, y dénsela al pueblo trabajador y explotado por el Estado!

Pues sepan ustedes que el Estado se ha quedado con el 60 por ciento de la mayor riqueza generada por el alto precio del cobre desde 2004. El 28 por ciento fue para los trabajadores y sólo el 12 por ciento para las empresas ("El Mercurio", 02-09-07, p. B-3).

Pero yo sé que ustedes no me harán caso. Es uno de los peores defectos de los chilenos. Si me lo hicieran, habría también "vouchers" para elegir libremente la salud, todos podrían libremente emplear y emplearse, y no habría cesantía. Y con el resto de la plata del "gasto social" (y si no alcanza, se baja a cero el superávit estructural) habría de más para financiar un impuesto negativo (un subsidio) que no dejaría a ningún chileno bajo la línea de la pobreza.

Pero, por mentalidad, Chile está condenado al socialismo. Con su pan se lo coma.

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